Precios bajos

Precios bajos de Walmart

Las guerras de precios -rebajas de precios para ganar clientes- pueden devastar a directivos, empresas e incluso sectores enteros. Sin embargo, son cada vez más comunes en el comercio electrónico y tradicional. La gran batalla de precios de 1999 en el sector de la telefonía de larga distancia fue un ejemplo de ello: cuando se disiparon las dudas, las acciones de AT&T, MCI y Sprint cayeron hasta un 5%.

Para salir indemne de una guerra de precios, se necesitan otras armas además de los recortes de precios. Por ejemplo, hay que hacer hincapié en la calidad del producto o en un servicio superior. En este artículo se describen las tácticas, tanto de precio como de no precio, que le permitirán salir airoso de la guerra.

La mejor manera de escapar de una guerra de precios perjudicial es no entrar en la contienda. Participar en ella puede dañar sus márgenes, enseñar a los clientes a esperar la próxima rebaja de precios y cargarle con una reputación de baja calidad. Pero si tiene que responder -por ejemplo, porque un competidor está amenazando su negocio principal- pruebe estas tácticas:

Durante la recesión de 1997, los hoteles de lujo de Malasia bajaron el precio de sus habitaciones, pero luego no pudieron permitirse ofrecer accesorios caros. El Ritz-Carlton evitó la guerra de precios y encontró formas de bajo coste para seguir mimando a sus huéspedes. ¿El resultado? El Ritz evitó dañar su reputación y obtuvo un 18% de beneficio bruto de explotación.

Estrategia de precios bajos

La estrategia de precios bajos todos los días (también abreviada como EDLP) es una estrategia de precios que promete a los consumidores un precio bajo sin necesidad de esperar a eventos de precios de venta o de comparar precios. El EDLP ahorra a los comercios minoristas el esfuerzo y el gasto necesarios para rebajar los precios en la tienda durante los eventos de rebajas, y también se cree que genera lealtad en los compradores[1] Se observó en 1994 que la cadena minorista Walmart de Estados Unidos, que sigue una estrategia de EDLP, compraba “anuncios destacados” en los periódicos mensualmente, mientras que sus competidores se anunciaban semanalmente[1][2] Otras empresas que han aplicado o promovido el EDLP son Procter & Gamble, Food Lion, Gordmans y Winn-Dixie[2].

Un estudio realizado en 1994 en una cadena de supermercados de 86 tiendas de Estados Unidos concluyó que una disminución del 10% del precio EDLP en una categoría aumentaba el volumen de ventas en un 3%, mientras que un aumento del 10% del precio alto-bajo provocaba una disminución de las ventas del 3%. Dado que la demanda de los consumidores en el supermercado no respondía mucho a los cambios en el precio diario, una política de EDLP reducía los beneficios en un 18%, mientras que la fijación de precios altos y bajos aumentaba los beneficios en un 15%[2].

Precios bajos todos los días

1El término “low cost” se ha hecho omnipresente en el discurso moderno y se utiliza en referencia a cualquier cosa relativamente barata y/o fácil de hacer. El concepto ha calado en casi todos los ámbitos, si no en todos, y los medios de comunicación lo aplican constantemente en debates tan variados como los deportes, los equipos de fútbol, las funerarias, los bancos o los fondos de inversión. Sin embargo, frente a estas representaciones, el presente Corpus pretende demostrar que se trata de aproximaciones que pasan por alto realidades históricas, empezando por la complejidad de los factores que intervienen en la creación de bienes y servicios de bajo coste.

2Es cierto que el concepto de bajo coste se refiere generalmente a un bien o servicio relativamente asequible para personas o grupos que poseen poco capital económico. También es más estimulante desde el punto de vista intelectual centrarse en los procesos de producción que se producen en ámbitos espacio-temporales concretos sin olvidar destacar el posicionamiento de un objeto en el mercado que pretende conquistar.

3La práctica de bajar los precios para ganar cuota de mercado no es nada nuevo. En sectores tan diversos como la restauración, la perfumería, los vehículos de transporte, la propiedad e incluso la educación, los bienes y servicios están segmentados desde hace tiempo por el precio. En Europa hace 300 años, por ejemplo -una época en la que parece anacrónico hablar de “consumo” de masas-, probablemente había muy pocos ámbitos en los que las clases bajas disfrutaran de los bienes materiales o inmateriales que las clases altas. Por el contrario, hoy en día es posible encontrar pan o pescado más baratos en las grandes superficies modernas o en las tiendas locales de barrio sin que exista una estrategia de bajo coste. En otras palabras, tanto en el pasado como en el presente no ha quedado claro hasta qué punto las diferencias de precios ejemplifican un concepto de bajo coste o algún otro fenómeno.

Precios altos y bajos

Las cosas de bajo precio son baratas: no cuestan mucho dinero. Cuando eliges una marca de champú de bajo precio en lugar de una cara, acabas con más dinero en tu cuenta bancaria (pero también con más encrespamiento).

La versión más nueva y elegante de un teléfono móvil no es definitivamente de bajo precio, pero si esperas uno o dos años, probablemente se convertirá en una opción de bajo precio. Puedes optar por comprar en tiendas de bajo precio si ahorrar dinero es importante para ti, o si tus ingresos lo requieren. Las tiendas de segunda mano y las ventas de garaje son dos buenas maneras de encontrar ropa y muebles a bajo precio.